DE INTERRUMPIR A PERTENECER
ALFONSO VERDUGO | BRAND EXPERIENCE SENIOR MANAGER, UNIDAD DE RELEVANCIA CULTURAL WPP MEDIA
Vivimos inmersos en una paradoja. Como profesionales del marketing y la publicidad, hemos perfeccionado las herramientas para capturar la atención hasta un punto inimaginable hace una década. Dominamos el algoritmo, optimizamos el A/B testing y libramos una batalla diaria por el scroll-stopping content. Sin embargo, a medida que la tecnología avanza, la recompensa parece disminuir. La atención que tanto nos cuesta ganar es cada vez más efímera, volátil y, seamos honestos, intrascendente.
Estamos en la era del “brain rot”, ese consumo compulsivo de microcontenidos (hoy día en su mayoría generados por iA) que saturan, agotan y apenas dejan huella. En esta carrera armamentística por el eyeball, hemos contribuido a crear un entorno tan ruidoso que el silencio se ha convertido en un lujo. La interrupción, que fue el modelo de negocio de la publicidad durante un siglo, hoy es una táctica con rendimientos decrecientes. El consumidor no solo la ignora; ha desarrollado una inmunidad experta contra ella.
Es aquí donde debemos detenernos y hacer la pregunta fundamental: ¿Y si estamos compitiendo en la carrera equivocada? ¿Y si el premio ya no es la atención, sino la legitimidad?
Pasar de interrumpir a pertenecer significa comprender que las marcas ya no compiten solo contra otras marcas por un segundo en una pantalla; compiten por un espacio significativo en la vida y la cultura de las personas. La atención se puede comprar, pero la legitimidad cultural se debe ganar. Es la diferencia entre ser un invitado ruidoso en una fiesta o ser quien ayuda a organizarla.
La legitimidad cultural es ese activo intangible que otorga a una marca el «derecho» a estar en una conversación, en un territorio, en una comunidad. No se impone, se merece. Se construye con paciencia, respeto y, sobre todo, con una aportación de valor real. Es la respuesta a la pregunta que toda comunidad se hace, consciente o inconscientemente, cuando una marca se acerca: “¿Qué haces tú aquí?”.
En la unidad de Relevancia Cultural de WPP Media, nos enfrentamos a este desafío a diario. Hemos aprendido que la verdadera conexión no surge de alquilar un espacio publicitario en un territorio, sino de habitarlo. Habitar significa entender sus códigos, respetar a sus anfitriones, celebrar sus rituales y contribuir a su crecimiento. Significa moverse de las métricas de superficie (impresiones, alcance) a una mucho más profunda y humana: la profundidad del recuerdo.
¿Qué permanece en la memoria de las personas una vez que el ruido se apaga? Te invito a hacer una prueba, abre cualquiera de las redes sociales que usamos hoy
día basadas en sistemas de recomendación y scroll infinito y tras unos minutos consumiendo contenido, apaga el móvil e intenta recordar uno solo de los videos que has visto. Comprobarás que no es tarea fácil. Trata sin embargo de recordar cualquier escena de esa película que tanto disfrutaste hace un tiempo, esa persona con la que viste un partido de fútbol de tu equipo, o unas cuantas canciones del último concierto al que fuiste. Son las experiencias y contenidos auténticos los que generan recuerdos profundos, y es ahí donde las marcas pueden pasar de ser un simple logo a ser parte de la historia.
Entonces, ¿cómo se empieza a construir esta legitimidad? No hay fórmulas mágicas, pero sí un manual de campo basado en la observación, la escucha, la humildad y la estrategia.
Escucha antes de hablar (Audición, no emisión): Antes de lanzar una campaña, sumérgete en el territorio. ¿Quiénes son sus héroes? ¿Cuáles son sus códigos, sus chistes internos, sus líneas rojas? Entender la cultura de un club de running, una comunidad gamer o los aficionados a la gastronomía es el primer acto de respeto.
Aporta valor, no pidas atención (Contribución, no extracción): El objetivo debe ser hacer que la comunidad sea mejor, más rica o accesible gracias a tu presencia. ¿Puedes ayudar a dar visibilidad a jóvenes talentos, como lo haría un festival de música? ¿Puedes crear contenido que eduque sobre el territorio? ¿Puedes facilitar espacios de encuentro? La marca debe ser un facilitador, no un protagonista.
Colabora con los anfitriones legítimos (Alianza, no invasión): Ninguna marca, por grande que sea, puede autoproclamarse líder de una cultura. La legitimidad se obtiene por transferencia, colaborando con los artistas, deportistas, organizadores y creadores que ya son el corazón de esa comunidad. Ellos son los que te abren la puerta y te presentan a su gente.
Mide lo que de verdad importa: Sí, seguiremos midiendo el negocio, quien diga lo contrario es que no está pensando en el negocio. Pero para medir el impacto cultural, debemos buscar otras señales. ¿La comunidad adopta a la marca en su conversación de forma orgánica? ¿Aumenta el sentimiento positivo? ¿La gente comparte la experiencia que la marca ha facilitado como algo propio? Esto es medir la profundidad del recuerdo, el verdadero ROI de la pertenencia.
El camino de la interrupción a la pertenencia es más exigente, pero infinitamente más gratificante. Requiere que las marcas dejen de pensar como anunciantes y empiecen a pensar como mecenas, productores y miembros activos de una comunidad.
Implica usar nuestras poderosas herramientas no solo para optimizar campañas, sino para construir puentes culturales. La oportunidad ya no está en producir más contenido, sino en crear menos, mejor y más verdadero. La pregunta que
debemos hacernos al final del día ya no es cuántas impresiones servimos o impactos generamos, sino cuántas memorias significativas ayudamos a construir. Porque en un mundo saturado de mensajes, lo que permanece no es lo que interrumpe, es aquello a lo que sentimos que pertenecemos.